No alimento intenciones suicidas
y estoy encaminándome hacia objetivos puros y décimos,
pero parte de mí quiere estar con vos.
Mi genio me gana en este juego de las curiosidades:
tengo que develar ese secreto.
Te imagino riendo, y es demasiado.Quiero tomar un Vuelo Directo a las moradas astrales
y encontrarte carcajeando
por haber entendido el Chiste de la Vida.
Pero todavía no es mi hora.
He de quedarme de este lado,
rumiando aburridas cuestiones mundanas
y develando pequeños enigmas
sólo para no fastidiarme de mí mismo.
No es que no valore estos andares:
disfruto de ellos como si bailara un tango
(aunque es cierto que, a veces, pego algún que otro tropezón).
Pero siempre fui de los que saborean lo oculto.
Es difícil esta etapa de pupa,
esta transmutación profunda y silenciosa
en donde me regenero
en mi propio
Maestro
mi propio
Mago
y mi propio
Brujito,
pero también es cierto
que ya no hay nada
que me atemorice lo suficiente.
Una vez me dijiste
Que es muy humano temer a lo Desconocido.
¿Qué tengo que temer ahora?(Ayer
Dejé
Atónitos a los parásitos del Tribunal de los Imbéciles.)